ESCENA VIII
Parejas de distintas clases aparecen bailando al compás del piano de manubrio. Las aceras están llenas de gente que miran el baile. En las barandillas de madera que forman el salón se ven algunos guardias de orden público. A la puerta del comercio de sedas aparecen sentados en sillas DON SEBASTIÁN, DOÑA SEVERIANA (su mujer) y DOÑA MARIQUITA, amiga de ambos. TERESA (sobrina de aquellos) y CANDELARIA (hija de doña Mariquita) bailan con dos jóvenes horteras. Mucha animación; don Sebastián aplaude y jalea a las parejas, que van pasando muy agarradas, como ahora se estila.
Hablado
Sebastián
¡Eso va bueno! ¡Eso va bueno! ¡Anda con ella, que se derrite en tus brazos! ¡Ahí le tienes, muchacha, ahí le tienes, que ya no es hombre ni na! ¡Bien por la gracia y los movimientos!
Severiana
¡Cállate, Sebastián, que pareces un chiquillo!...
Mariquita
¡Qué buen humor!...
Sebastián
(Sin hacer caso.) Ahí las tenéis, ahí las tenéis. Andad con ellas, que esto ya es la mar salá. (Se acaba el baile y todos aplauden. Teresa y Candelaria se separan de los horteras y cogidas del brazo se pasean.)
Severiana
Este, si le dejaran, se pondría a bailar ahí en medio.
Sebastián
¡Y que lo haría mejor que algunos jóvenes, porque con los años tengo más práctica, doña Mariquita!...
Mariquita
¡Qué don Sebastián este!
Severiana
¡Teresa! ¡Teresita! (Llamándola; Teresa y Candelaria se acercan.)
Teresa
¿Tía?
Severiana
Hazme el favor de no bailar con el hojalatero.
Teresa
¿Por qué, tía?
Candelaria
Pues baila muy bien.
Severiana
Porque no me da la gana de que bailes con el hojalatero, que da cada lata que no se le puede aguantar.
Teresa
Pues ya me ha sacado para el primer baile.
Severiana
Pues si él te ha sacado, tú te metes aquí dentro y no bailas con él.
Teresa
Bueno, tía; pero me parece muy feo.
Severiana
Yo no digo que sea feo ni guapo el hojalatero; lo que digo es que no me da la gana.
Teresa
Bueno, tía, bueno.
Candelaria
(A Teresa.) Anda, ya encontraremos otro. (Se cogen otra vez del brazo y se van a pasear por el salón.)
Sebastián
Pero, ¿qué más da el hojalatero, que el vidriero, que el plomero, que el tapicero, que el carpintero, que el cerrajero, que el bastonero, que el confitero...?
Severiana
Calla, y no hables tanto.
Mariquita
Pues parece buen chico.
Severiana
Mire usted, doña Mariquita; cuando yo digo esto, es porque sé cómo las gasta el hojalatero.
Sebastián
(Bromeando.) ¡Anda, morena! ¿Conque tú sabes cómo las gasta el hojalatero? ¡Anda, salero! Mi mujer sabe cómo las gasta el hojalatero. ¿Y de cuándo acá sabes tú cómo las gasta el hojalatero?
Severiana
Sebastián, tienes esta noche una pata, que ya, ya.
Mariquita
(Riendo.) Es usted capaz de resucitar a un muerto.
Sebastián
¿Pero no oye usted que, sin saberlo yo, sabe mi mujer cómo las gasta el hojalatero?...
Mariquita
¡Ja, ja, ja, ja!
Severiana
¡Sí, ríale usted la gracia!
Mariquita
¿Pues no me he de reír?