I
Leandro Valle es una de las figuras más prominentes de la revolución progresista.
Esa figura, que yace alumbrada por la luz de la historia, dice á la actual generación que surge la juventud en la tormenta revolucionaria, como el rayo que va á incendiar los escombros del pasado, para echar los cimientos del porvenir.
Valle apareció en la revuelta arena de nuestro anfiteatro guerrero bajo los estandartes de la Reforma, cuando el clero era una potencia y parapetaba en sus ciudadelas á sus soldados para defender sus tesoros y prominencias.
Cuando para escándalo del siglo y vergüenza de la historia, nos encontrábamos como en la Edad Media, en pleno feudalismo, las escuadras invasoras arrojaban sobre la ciudad heroica sus primeras bombas en 1847, y la capital se envolvía en las llamas de la guerra civil, á la voz de Religión.
Valle combatía por primera vez al lado de los reformistas, arrebatado por ese espíritu gigante, que no le abandonó ni en los últimos instantes de su existencia.
Aquel niño cuya frente serena se ostentó en esos días á la luz resplandeciente de los cañones, se dejó ver en el combate con el extranjero, en cuyo estadio se trazaban los preliminares de una carrera de gloria y de heroicidad.
La fortuna negó á nuestras armas la victoria, pero fué impotente para borrar las hazañas de nuestros héroes; se veneran aún en aquellos campos de recuerdos patrióticos las cenizas sagradas de nuestros mártires.
¡Gloria á vosotros, que llevasteis vuestra sangre como una ofrenda á los altares de la patria!
¡Gloria á vosotros, que rindiendo un homenaje al patriotismo, caísteis en la arena lanzando vuestro último grito como un saludo eterno á la libertad!
¡Gloria á vosotros, que sobrevivís á esos días de prueba y arrastrais una existencia de olvido; vosotros sois los templos vivos de nuestras memorias, la tradición palpitante de las batallas; cada vez que las descargas anuncian que uno de vosotros baja al sepulcro, nos parece que se arranca una hoja de ese libro histórico de nuestras glorias!