II
Once años han pasado, y está aún abierto el libro de la historia y palpitante el recuerdo de la catástrofe.
La iglesia de San Pedro Mártir, en cuyo cementerio reposan las cenizas de los patriotas, no existe ya; los huracanes la derribaron por el suelo; y hasta sus cimientos han perecido.
Una aguja de mármol señala el lugar del sacrificio; sobre una de sus piedras se lee en letras negras: ACELDAMA (campo de sangre), palabra de la Biblia, que resume el misterio de aquel lugar que velan los pabellones de la muerte.