III

Don Mariano Matamoros, en el año de 1810, cuando Hidalgo proclamó la independencia de México, era cura de Jantetelco.

En 1811 se presentó al Sr. Morelos en Izúcar, y desde esa fecha militó á su lado hasta la desgraciada batalla de Puruarán.

Matamoros es llamado por la mayor parte de los historiadores «el más valiente de los insurgentes.»

En el famoso sitio de Cuautla, Matamoros, por orden de Morelos, se puso al frente de una fuerza de caballería y logró romper las líneas enemigas.

Matamoros se inmortalizó con la célebre batalla de San Agustín del Palmar, en cuya acción no sólo dió muestras de su valor y genio militar, sino que además probó, como él mismo lo dice en su parte al Sr. Morelos, que los independientes no se habían lanzado á la guerra con el objeto de robar.

El convoy custodiado por las tropas españolas derrotadas en el Palmar, fué respetado, y todo el comercio de la Nueva-España pudo decir entonces que los «insurgentes» eran soldados disciplinados, y no hordas de bandidos, como les llamaba Calleja.

Al hablar Matamoros de esta acción, dice:

«La batalla fué dada á campo raso para desimpresionar al conde de Castro-Terreño, de que las armas americanas se sostienen, no sólo en los cerros y emboscadas, sino también en las llanuras y á campo descubierto.»

Constantemente estaba Matamoros organizando tropas, á la cabeza de las cuales tenía á cada paso que batirse, y sin duda, á no ser por la desastrosa expedición á Valladolid, Matamoros hubiera libertado completamente todo el territorio que hoy comprenden los Estados de Puebla, Oaxaca y Veracruz.

Pero Dios lo había dispuesto de otro modo.