V

El 13 de Agosto de 1855 fué día de holgorio y de fiesta revolucionaria para el pueblo de la capital. Los bustos de mármol del Ministro D. Manuel Diez de Bonilla, los libros de pastas blancas italianas, el piano, los retratos del personaje, los muebles, todo volaba de los balcones á la calle, donde la plebe furiosa se arrojaba sobre los destrozos del menaje del que representaba la aristocracia pocos días antes y lo entregaba á las llamas. Por otras calles conducía una multitud frenética los coches de Santa-Anna, untados de brea y ardiendo como unos hornos ó fraguas ambulantes. El aspecto de la ciudad, llena de gentes de los barrios dispuestas á la venganza y próximas al furor y al desbordamiento, hicieron que los habitantes cerraran sus casas y tiendas, y que los hombres que habían hasta ese momento gobernado, se pusieran en salvo.

¿Qué cosa había ocasionado este movimiento?

Santa-Anna, cansado ya de luchar y persuadido de que no podía dominar la revolución, abandonó el gobierno, y á las tres de la mañana del 9 de Agosto salió para Veracruz, donde llegó pocos días después y se embarcó con dirección á la Habana.

Como los reyes, dejó en un pliego cerrado nombrados los gobernantes que debían de sucederle; pero la revolución avanzaba á grandes pasos al centro.

Comonfort continuaba sus hazañas militares, y se hacía á la vez temer y amar de los pueblos por donde pasaba.

Obraba ya con unas tropas medianamente regularizadas, y en un extenso Estado como el de Jalisco. Zapotlán era una plaza fuerte, guarnecida con fuerzas del Gobierno. Comonfort la atacó, asaltó personalmente una fortificación y llegó hasta la plaza, precediendo á mucha distancia á sus soldados. Este triunfo, puede decirse personal, le grangeó la admiración de todas esas poblaciones, y cuando se dirigió á Colima, la ciudad le abrió sus puertas, y en lugar de balas y pólvora hubo banquetes, bailes y regocijos.

En la capital se organizó una presidencia interina que ocupó el general Carrera; pero no siendo reconocido por la revolución, las fuerzas que desde entonces podían llamarse liberales, se avanzaron á la capital, y cosa de cincuenta mil hombres de línea que había dejado Santa-Anna, ó se disolvieron ó fueron tomando parte en el movimiento.