ESCENA IV

LOS MISMOS, COLOMETTI y algunos soldados que están agrupados detrás de él.

Colometti

¿Debo ir a buscar al reo, excelencia?

Floria

¡Oh!

Scarpia

Espera. (En voz baja a Floria, que está apoyada en el respaldo del sofá.) Te doy un minuto para reflexionar.

Floria

(Con angustia infinita.) ¡No puedo más!... ¡No puedo más! ¡Todo ha concluido en mí!

Scarpia

(En voz baja.) Responde.

Floria

(Después de una pausa y haciendo un violento esfuerzo.) Sí... (Al decir este monosílabo se deja caer en el sofá, anegada en lágrimas, con el rostro sobre los almohadones y sollozando desesperadamente.)

Scarpia

(Sonriendo.) He cambiado de opinión, Colometti. El verdugo puede retirarse a descansar... Por ahora su faena ha concluido. (Colometti da una orden a los soldados y estos se retiran.)

Floria

(Incorporándose penosamente y en voz baja, ahogada por los sollozos.) Quiero la libertad de Mario, pero ahora, en este mismo instante.

Scarpia

(También en voz baja.) Poco a poco, amiga mía. No se puede andar tan deprisa. Aquí está la orden formal del gobernador a quien debo obedecer. (Se la enseña.) «Cavaradossi será ejecutado antes de salir el sol.» El caballero debe, pues, sufrir la pena impuesta por las leyes o por lo menos, debe creer todo el mundo que la ha sufrido. La estratagema que voy a emplear para librarle de la muerte, solo la conoceremos el caballero Cavaradossi, Colometti y nosotros dos.

Floria

¿Y quién me garantiza que cumpliréis vuestra palabra?

Scarpia

Las órdenes que voy a dar ahora mismo. (En voz alta.) Colometti, cierra esa puerta. (Colometti obedece.) Oye bien lo que tengo que decirte... El preso no será ahorcado, sino fusilado (Movimiento en Floria. Scarpia la tranquiliza con un gesto.) sobre la explanada del castillo, lo mismo, exactamente lo mismo, que el conde de Palmieri.

Colometti

¿Es decir que esa ejecución?...

Scarpia

No será más que simulada, ¿comprendes? Como lo fue la del conde.

Colometti

Entendido, excelencia.

Scarpia

Tú mismo elegirás entre los soldados de la compañía de guardias, doce hombres de tu confianza, cuyos fusiles también tendrás cuidado de cargar por ti mismo, con cartuchos sin bala.

Colometti

Así lo haré.

Scarpia

En seguida, advertirás al caballero Cavaradossi todo lo que debe de hacer para evitar sospechas... Cuando el reo oiga el ruido de la descarga, se dejará caer en tierra, como herido por el rayo... En este momento te acercarás a él como para convencerte de que está bien muerto y después de decir en alta voz que no necesita el tiro de gracia, ordenarás al piquete que se retire al castillo. Cuando los soldados hayan desaparecido, te aproximarás al caballero Cavaradossi y después de echarle la capa sobre los hombros, le acompañarás tú mismo, hasta la puerta del castillo, donde le esperará el coche de la señora. Entrarás con él en el carruaje y sin perder un momento le acompañarás hasta la puerta Angélica, que has de mandar abrir por orden mía. Cuando estéis fuera de las murallas, en lugar seguro, le dejarás continuar su viaje y tú vendrás a darme cuenta de todo y a descansar. ¿Has entendido bien?

Colometti

Perfectamente, excelencia. ¿Cumplo ahora lo mandado?

Scarpia

No. Deja solo al reo en la capilla y espera.

Floria

(A media voz.) Quiero verle... quiero decirle yo misma cuanto acabáis de ordenar.

Scarpia

Sea. (A Colometti.) La señora está en libertad y puede ir y venir a su antojo por el castillo. Deja a uno de tus compañeros al pie de la escalera, para que la acompañe hasta la capilla. Después de la entrevista y cuando la señora haya entrado en su coche ejecutarás fielmente todo lo que acabo de ordenarte.

Colometti

Está bien, excelencia. (Inclinándose.)

Scarpia

No te olvides de nada... Ordena, en nombre mío, que no entre nadie a molestarme... (Colometti sale cerrando la puerta. Scarpia echa el cerrojo por dentro.)