ESCENA V

FLORIA sola

Floria

(Después de una pausa.) Sí, no hay duda... Con mis caballos llegaremos a Civitavecchia antes de cuatro horas. ¡Ah, cuándo veré perderse en el horizonte esta maldita tierra romana! ¡Con qué placer respiraremos fuera de ella! (Pausa.) Les oigo andar aquí encima... (Escucha.) Ya se paran... ¡Por fin llegó el momento supremo!... Con tal de que no se le ocurra a nadie ir a despertar al otro para cualquier asunto... (Otra pausa.) ¿Qué es lo que hacen ahora? ¿A qué aguardan? Debía ya de haberse cumplido todo... El más leve indicio puede perderle... Me estremece el alma tanto esperar... ¡Me digo a mí misma que no se trata más que de una ficción, y sin embargo la idea de que van a disparar sobre él me hiela la sangre en las venas!... ¡Pronto!... ¡Pronto!... ¡Dios mío, qué minutos tan eternos!... ¿Pues no estoy temblando?... ¡Concluid!... (Suena el ruido de la descarga, al oírle lanza un grito de espanto.) ¡Ah!... ¡Estoy loca!... ¡Me he estremecido de horror como si fuera verdad!... ¡Ya está hecho!... ¡Ahora pronto, arriba!... Su capa que han olvidado. (Toma la capa de Mario y sale precipitadamente.)

MUTACIÓN

CUADRO SEGUNDO


Explanada. Al fondo un parapeto defendido con cañones. En las lejanías, vista de la ciudad de Roma, entre el Coliseo y la cúpula de San Pedro, iluminada por los fulgores del sol naciente. A la izquierda una muralla alta, y al final de ella, bambalinas de aire. A la derecha, otro muro, en el cual se abre la poterna, que está a la entrada de la escalera. Más hacia la izquierda, un pasadizo entre el muro y el parapeto. Empieza a amanecer en el momento de alzarse el telón, y la escena se va iluminando con mayor intensidad hasta finalizar el cuadro, en que brillará el sol espléndidamente sobre el horizonte.