Don Pedro. Naturalmente, iremos a la boda... Ya creo, ya creo. (Su crisis nerviosa se resuelve subitamente en una inquietud o desvarío mecánico. Recorre la escena con paso inseguro; después en actitud gallarda y altanera.)[740]
María. (Siguiéndole.) Papá, ten calma...
Don Pedro. (A Filomena, que también le sigue.) Inmediatamente, dispón los equipajes...
Filomena. Recogeremos todo. Puede llegar Cesáreo de un momento a otro...[745]
Don Pedro. ¡Adiós, maldito Agramante; adiós, triste destierro...!
María. Papá, no maldigas esta tierra de nuestro descanso.
Alcalde. Lo que es alegría para ustedes es pesar[750] para nosotros. Se van. (Don Pedro, María, Corral, Bravo forman grupo a la izquierda hablando de si se van o no pronto. Filomena pasa a la derecha, donde está don Rafael meditabundo.)
Filomena. Ahora, mi venerable amigo, me toca a mí[755] estar alegre, en premio de la alegría que di a los pobrecitos enfermos, a quienes usted socorrió con mis ahorrillos...
Don Rafael. ¡Mucho, mucho!... Pues se pusieron contentísimos, y se arreglaron, vivieron...
Filomena. ¿Y eran enfermos graves...?[760]