Don Pedro. (Que se aparta de la reja, con los demás,[905] visto ya el paso de la multitud alegre.) Mariucha, ¿pero no has visto...? (La observa llorosa.) Hija mía, ¿lloras?
María. (Secándose las lágrimas.) No, no, papaíto, es que...
Don Rafael. Lloraba de gozo.[910]
Don Pedro. Vamos, ven, y confundamos nuestro gozo con la alegría popular.
Filomena. Alegre está todo: el Cielo, la villa, el pueblo.
María. (Rehaciéndose, con potente esfuerzo, hace rápida[915] transición de la tristeza al contento: su pecho se ensancha, sus ojos resplandecen.) Y yo, también. (Con efusión de su alma cogiendo el brazo de don Rafael.) Yo también soy pueblo... porque soy pobre.
Don Pedro. (Un poco sorprendido de la frase.) ¿Qué,[920] qué?
María. Llevadme a la fiesta, al campo, al sol... al sol, que es la pompa de los humildes.