Don Rafael. El Gobierno, deseando recompensar... no sé qué es lo que recompensa, ni el mismo Gobierno lo sabe... concederá a Teodolinda y a Cesáreo el título de (Con énfasis) Duques de Agramante.[210]
León. Muy lógico: en sus manos está toda la gran propiedad rústica y minera.
Don Rafael. Y con la propiedad, la influencia; y con la influencia, los resortes de toda autoridad.
María. De autoridades corrompidas...[215]
Don Rafael. Putrefactas, sí; pero que echan la barredera, ¡y ay del que cogen!
María. ¿Pero todos...?
Don Rafael. Todos serán instrumentos de Cesáreo... lo son ya, porque la adulación madruga, hija mía;[220] no espera que venga el poder: corre a su encuentro.
María. ¿Y todos esos enemigos, jueces, alcaldes, vendrán contra nosotros?
León. (Comprendiendo.) No: contra mí solo. Ya veo claro el ardid de guerra. Es en verdad diabólico y[225] terrible...
María. Ya entiendo. León...