Cirila. (Deteniéndole.) Alto ahí... ¡Qué desvergüenza!
Pocho. ¡Si ni tan siquiera tendrán lumbre!
Corral. Hay que ver...
Pocho. (Por Cirila.) ¡Cómo les tapa la miseria![50] Ésta no les abandona en la desgracia.
Corral. Eso es nobleza.
Cirila. Gratitud. Les quiero...
Corral. Particularmente a la señorita María.
Cirila. ¡Mi niña del alma! Yo la crié; la he servido[55] desde que vino al mundo. Más que cariño, por ella tengo adoración.
Pocho. Y qué re-bonita, y qué re-maja, y qué re-salerosa es la niña, ¡Cristo con ella! No le faltará un ricacho que la saque de pobre. Anímese, don Faustino...[60] Usted rico, usted el más elegante caballero de nuestra villa... ¡Qué mejor proporción...!
Corral. (Pavoneándose.) Verdaderamente, no es uno saco de paja... De menos nos hizo Dios.