Pocho. Pues si yo fuera don Faustino del Corral,[65] cualquiera me quitaba a mí esa niña, ¡Cristo con todos! Si tuviera yo esos diamantes en la pechera, esa cadena de reloj y esos anillos refulgentes, y lo que hay en casa, ¡Cristo conmigo! los dinerales que diz que tenemos en el Banco, ¿eh?... aguardando colocación...[70]

Corral. No es tanto, Pocho. Algo se ha trabajado y no falta para unas sopas. (A Cirila.) Ahora, la última pregunta si usted no se incomoda.

Cirila. Diga.

Corral. ¿Es cierto que el propietario de este palaciote[75] de Alto-Rey lo cede gratuitamente a los señores Marqueses?

Cirila. Así lo entiendo.

Pocho. ¡Y luego dicen...! ¡Vaya, que estos nobles tronados siempre caen de pie! Vendió el Marqués este[80] caserón hace diez años por un pedazo de pan...

Corral. ¿Hase visto mayor locura? Si hubiera estado yo en Agramante, no se me escapa esa ganguita... Compró la casa el sastre Diego López, que ha sacado ya triple del coste con el producto de las estancias bajas y[85] altas que tiene alquiladas. Y ahora, el hombre puede permitirse un rasgo: cede al Marqués las habitaciones mejores...

Cirila. (Que ha mirado por el fondo.) Los señores vienen.[90]

Corral. (Aparte al Pocho.) Ten comedimiento, Pocho. Hazte cargo de la pobreza...

Pocho. ¿Pues y la mía? ¡Cristo con...! (Corral le manda callar. Se apartan a la izquierda.)