Don Pedro. Es mucho molestar... ¡Es grande impertinencia...!

Pocho. Necesidad, señor. Soy un pobre.[110]

Corral. Paciencia, Pocho. Puedes volver...

Don Pedro. Cuando se le avise... Espere... (Se sienta en el sillón.)

Pocho. (Con entereza.) Podré alimentarme de tronchos de berza, de cortezas de chopo; pero no de las buenas[115] palabras de vuecencia. Págueme, o de aquí me voy al Juzgado municipal...

Corral. ¡Pocho...!

Don Pedro. (Variando de tono ante la amenaza.) ¡Qué injusta desconfianza!... Pocho, venga usted aquí.[120] (Llamándole, cariñoso.) Mi buen amigo... (Le toma la mano.) ¿Cómo puede dudar...?

Pocho. No es duda, es pobreza.

Don Pedro. (Dolorido, con afectada mansedumbre.) Vaya, vaya, sosiéguese el buen Pocho. (Dándole palmaditas[125] en la mano.) Y no dude que, con el pago, tendrá una buena gratificación... Es muy justo. (Entran por el fondo Filomena y don Rafael.)

Pocho. Yo cedo a vuecencia la propina si hoy mismo...[130]