Don Pedro. No; pero me escribe el Rector que están buenos y contentísimos... Perico muy aplicado, Ricardillo un poco travieso...[280]
Filomena. Pero buenos y sanos, que es lo que importa. (Abre la carta de su madre.)
Don Pedro. (A Cirila, quitándole una de las cartas que le ha dado.) ¡Qué cabeza! Ésta, para Cesáreo, no va... Aguarda, voy a concluir ésta.[285]
Filomena. (Aparte a don Rafael, gozosa, después de leer la carta.) Para que se vea si tengo razón en poner toda mi confianza en el auxilio celestial. Mi pobre madre, que hoy sufre también penuria, aunque no tanta como yo, me manda por segunda vez una corta cantidad.[290]
Don Rafael. ¿También por conducto mío?
Filomena. Sí: usted recibirá el libramiento.
Don Rafael. Pues mañana mismo...
Filomena. No: no me lo traiga usted. Eso que Dios me envía, en su culto y en obras de piedad quiero[295] emplearlo.
Don Rafael. Fíjese usted, amiga mía, en sus necesidades. (Siguen hablando en voz baja.)
Don Pedro. (Cerrada la carta que ha escrito, la da a Cirila.) Oye: si viene esa señora a invitarnos...[300]