María. (Asustada.)¡Ay, Dios mío! Yo no digo[95] nada, ni sé nada de eso... Y no tema que yo le delate, ni que descubra su verdadero nombre.
León. En realidad, no tengo ya por qué ocultarlo. León es mi segundo nombre de pila. Lo adopté como primero en los días más horrendos de mi vida, cuando,[100] abandonado por unos, de otros perseguido, me vi solo, encadenado a mi conciencia, frente al mundo inmenso, que me pareció el conjunto de todas las iras contra mí. Hoy conservo este nombre porque en él veo la forma bautismal de mi regeneración. Usted, con divina perspicacia,[105] acertaba cuando dijo: «No es aquél, Cesáreo; es otro.»
María. (Reflexiva.) Es usted otro.
León. El hombre lleva en sí todos los elementos del bien y del mal. Excelentes personas han caído en la[110] perdición; santos hay que fueron perversos.
María. Si es usted de estos últimos, déjeme que le admire.
León. Merezco quizás el respeto de usted; admiración, no.[115]
María. La desgracia, tal vez la miseria, le han obligado a luchar; la lucha le ha redimido: ¿no es eso?
León. Criado fui en la holganza... Puedo decir que no tuve padres, porque murieron dejándome muy niño. Hombre ya, heredé una fortuna, que vino a mis manos[120] cuando la compañía de amigos, peores que yo, me había educado ya en los vicios de la disipación y el juego, en el menosprecio de toda rectitud... Corrí desvanecido por el mundo, ciego y desmandado. Este vértigo, este correr loco, forzosamente habían de precipitarme al[125] abismo. Mis amigos iban delante, más ciegos que yo. Si el dinero nos faltaba, ¡qué arbitrios, qué combinaciones depravadas para procurárnoslo! Por fin, la escasez nos arrastró a la desesperación, la desesperación a la ignominia, ésta al escándalo, y el escándalo nos estrelló[130] contra la justicia, y nuestros nombres fueron oprobio de familias respetables.
María. (Con estupor candoroso.) ¡Jesús! ¿Y por qué, dígame, por qué fue usted tan malo?
León. Óigame, señorita, y vea toda mi maldad. Un[135] compañero mío de aquellas locuras discurrió... poner en un documento de crédito una firma que no era la suya. (Movimiento de reprobación en María; protesta viva de León con mirada y gesto.) Yo no lo hice... me repugnaba. Mi complicidad consistió en que pude evitar el fraude, y[140] no lo evité... por el provecho momentáneo que de él tuve. Mi aturdimiento fue causa de que el menos culpable, yo, apareciese más recargado de responsabilidad y...