María. (Después de una vacilación momentánea, dice con voz firme:) No.
León. Es usted fuerte, animosa. (Gozoso.) Veo que si yo soy de hierro, usted también.
María. ¿Yo? (Con grave acento y convicción.) Si[385] Dios me concede lo que le pido, el bronce será menos fuerte que yo, y el acero menos templado.
León. ¡Mujer grande!
María. Mujer... del tamaño de los acontecimientos, considero muy bien las razones que usted me da para...[390] En fin, que no desmerezca yo a sus ojos; que no me crea... no sé qué iba a decir... y procure usted olvidar esta entrevista...
León. Eso nunca. Espero que, en un día próximo, podré ser menos cruel que he sido esta noche.[395]
María. (Turbada.) Gracias, infinitas gracias. Retírese usted... Tiene ocupaciones... Yo también.
León. Sí... debo retirarme. (Le hace reverencia. Aléjase lentamente; la contempla a distancia. Aparte.) ¡Dura lección es ésta!... ¡Terrible lección! Aprovéchala.[400] (Continúa observándola. Acércase Cirila de nuevo a María, con ánimo de consolarla.) Desdichada víctima social, lucha, padece y vencerás. (Entra en su casa.)
Escena III
María, Cirila; después Vicenta.