Cirila. Niña del alma, no te acobardes. Poco amable y nada generoso ha estado el vecino. Probaremos[405] con otros. (Saca la carta.) Con variar el nombre...
María. (Vivamente, mirando a la parte obscura de la escena por donde ha desaparecido León, arrebata a Cirila la carta y la estruja.) Acábese esta ignominia. (Rompe la carta y arroja los pedazos. Aparece Vicenta por la[410] puerta del patio. Viste traje para la fiesta.) Su proceder duro, casi bárbaro, es para mí un aviso del Cielo. Admiro en ese hombre la severidad de un maestro inflexible.
Vicenta. (Aparte.) ¡Aquí María!... ¡y qué elegante!...[415]
Cirila. La señora Alcaldesa.
María. (Aparte a Cirila.) Apártate... Vigila en la escalera. (Cirila se aleja por la derecha, cautelosa, y aguarda sentada en el primer peldaño.)
Escena IV
María, Vicenta.
Vicenta. ¡María... querida! Usted, impaciente por[420] mi tardanza, ha bajado a esperarme.
María. Sí: esperaba a usted...
Vicenta. Vengo retrasada. Cosiendo hasta muy tarde hemos estado mi hermana y yo con el dichoso arreglo. (Mostrando su vestido.) Yo quería que lo viese su mamá.[425]