María. Acepto, siempre que usted me dé formal promesa de entregarme el resto antes de las veinticuatro horas... mil cien pesetas.
Vicenta. Justas y cabales. Pero no perdamos tiempo...[560] Corro a casa... Nicolás, a quien dije que iríamos juntas, ya está allá. Luego le diré: «¿no sabes? llegó el vestido...» Y mañana le cuento... En fin, yo lo arreglaré... tardaré tres minutos... Que cuando yo venga, esté usted despojada... ¿Subiré a su casa?[565]
María. No: espéreme aquí. (Se quita el abrigo y sombrero.)
Vicenta. A prisita, a prisita, para que yo tenga tiempo... (Vase corriendo por el patio.)
Escena V
María, Cirila; después Don Pedro, dentro.
Cirila. (Deteniendo a María que se dirige a la escalera,[570] llevando en la mano sombrero y abrigo.) No subas: tu papá, inquieto y desvelado, con el torbellino de sus ilusiones, no hace más que pasear por toda la casa, y a ratos sale a la galería alta.
María. (Indicando la glorieta, junto a la escalera.)[575] Pues aquí mismo. (Entrega a Cirila el abrigo, el sombrero.) Sube corriendo y traeme un peignoir. Si te preguntan... di... cualquier cosa, que lo piden la Alcaldesa y su hermana para modelo.
Cirila. Voy. (Presurosa sube a la casa.)[580]
María. (Sola desabrochándose.) ¡Qué agradecida estoy a ese hombre! Su negativa me ha puesto en el verdadero camino. (Óyese la voz de Don Pedro, que en la galería alta llama.)