María. Bueno: adiós. ¿Lleva usted todo?

Cirila. Cuerpo, falda... (Le va entregando todo.)

María. Sombrero, abrigo...

Vicenta. (Recogiendo todo cuidadosamente.) Está bien.[645]

María. Estará usted...

Vicenta. (Con entusiasmo.) ¡Oh, elegantísima! Adiós. Hasta mañana. (Vase corriendo.)

Cirila. (Después de mirar por la escalera.) Podemos subir. Tu papá se ha retirado. Nos meteremos en mi[650] cuarto.

María. Sí. (Contemplando los billetes.) Dinero de mi pobreza, ya estamos aquí frente a frente tú y yo... ¿Qué quieres decirme al venir a mí? Que desde que te inventaron los hombres eres muy malo, y que por malo[655] te han puesto innumerables motes injuriosos... que revuelves todo el mundo y originas infinitos desastres... ¡Ah! ya veremos eso... Conmigo no juegas. ¡No sabes tú en qué manos has venido a parar!... ¿Serás bueno, eh?... Seremos amigos. (Los besa y los guarda en el[660] seno.)

Cirila. Vámonos ya.

María. Un momento. (En el centro de la escena, vuelta hacia la casa de León.) ¡Maestro...!