—¿Ha visitado Ud. alguna vez una[4] hacienda?
—Tuve la suerte de[5] visitar un cafetal en el mes de octubre, cuando los cafetos están en pleno florecimiento.[6] Las plantas cubrían las colinas y los llanos, y el aire llevaba a todas partes el delicado perfume de sus flores. También he visitado el puerto de Santos, por donde sale la mayor parte de los veinte millones de sacos que el Brasil exporta.
—¿Llama Ud. saco al costal?
—Sí; son términos sinónimos. Le llaman también bolsa en algunos países.
—¿Cuántas libras pesa un saco?
—Cada saco pesa sesenta kilos; es decir unas ciento treinta y dos libras.
—Ya se ve, por lo tanto, que el Brasil es el productor más importante de café.
—Contribuye con las cuatro quintas partes a la producción mundial. Le sigue Guatemala, viniendo luego Colombia. Pero en este último país las dificultades en el transporte limitan la extensión de los cultivos. En Haití los derechos elevados de exportación tienen el mismo efecto. En el Perú y en Honduras el negocio sufre por la falta de braceros. En cambio en el Salvador la prosperidad en el negocio de café es señalada.
—A propósito de la América Central, ¿sabía Ud. que el café de Costa Rica se ha cotizado en el mercado de Londres a precios más altos que el de los demás países de la América Central, lo que no es poco decir?[7]
—¡A quién se lo dice Ud.![8] Yo he sido vendedor de café centroamericano, y puedo afirmar además que en los últimos años la producción de café costarricense se ha mantenido firme, a pesar de que en otros países la superproducción trajo una baja general en los valores. Pero no olvidemos que los cafés de Nicaragua y Panamá están siendo favorablemente acogidos.