—He oído decir que el intercambio de tabacos entre las repúblicas del sur disminuye poco a poco.
—Ese es un buen signo, pues indica que los centros productores mejoran día a día la industria de elaboración de sus propios tabacos. Además, esas repúblicas han perfeccionado los métodos de cultivo y ya se aprecia en ellos la acción de los plantadores inteligentes, quienes hacen una elección prolija de las semillas y atienden a las condiciones del suelo y del clima.
—He oído decir que el tabaco se da muy bien en la América Central.
—Esa ha sido mi opinión siempre. Los experimentos hechos en Honduras demuestran que el tabaco sembrado en tierras que han sido cultivadas con otras plantas da cosechas muy buenas.
—¿No produce tabaco el resto de las Islas Antillas?
—Poco; aunque no habría razón para que la producción fuera allí tan escasa como es. En Haití, por ejemplo, el suelo es muy apropiado para el cultivo del tabaco, porque en ciertas regiones es arenoso, pedregoso y poco húmedo. También hay allí tierras vírgenes, las cuales, cuando recién desmontadas,[3] se prestan muy especialmente al cultivo del tabaco.
—¿Sabe Ud. cómo se clasifica el tabaco, según su empleo en cigarros y cigarrillos?
—Los cigarros o puros se fabrican con la hoja de calidad superior. Las hojas pequeñas, las defectuosas y los recortes se destinan a la fabricación de tabacos cortados que reciben el nombre de picaduras, y se destinan a la fabricación de cigarrillos o para quemarlos en pipa. De la primera clase, los hay de tres tipos: fuerte, entrefuerte y suave.
—¿De qué depende la fuerza del tabaco?
—Del modo como se ha curado.