—Debido a lo cual[5] la corpulencia de las ovejas sudamericanas tal vez fué haciéndose[6] inferior a la requerida para el comercio de carnes.
—Precisamente. El problema fué entonces, y sigue siendo todavía,[7] el de combinar la producción de lana con la de carne, de tal modo que[8] el mismo animal ofrezca un buen rendimiento de ambas.
—¿No se importaron moruecos ingleses?
—En exceso, al punto que[9] hoy día el setenta y cinco por ciento de las lanas en la Argentina procede de lincolns y leicesters, puros o cruzados con merinos. Pero aunque el rendimiento de carne ha mejorado, no ha ocurrido lo mismo[10] con la calidad de la lana, razón por la cual los criadores o cabañeros inteligentes procuran crear un tipo nativo que, a la abundancia de carne, reuna la buena calidad de la lana.
—¿Cómo se procede a la venta de las lanas en el Río de la Plata?
—Los vellones se remiten a los mercados de frutos. Allí reciben la lana consignatarios o comisionistas, quienes, de acuerdo con sus clientes, procuran obtener por ellas el precio más alto.
—¿Y quiénes son los compradores?
—Los agentes de las fábricas de tejidos de Europa y Estados Unidos. Del mercado de frutos pasa la lana a los almacenes, donde se la clasifica y embala o empaqueta en fardos para ser exportada a Francia, Bélgica, Alemania y Estados Unidos.
—¿Se vende la lana en bruto, o lavada?
—En bruto, o sucia, para emplear el término corriente; esto es, con la grasa o jubre. Por consiguiente, los compradores deben tener suficiente práctica para apreciar el rendimiento de la lana que compran; es decir, el peso a que quedará reducida una vez lavada. Este rendimiento oscila entre el treinta y el setenta por ciento, según la clase del textil y las condiciones en que el animal ha vivido.