—No; y por eso el nombre de panamá es impropio, tratándose de sombreros que no proceden de allí, sino de tránsito. La gran mayoría de los llamados «panamás» son hechos en el Ecuador y también en ciertas partes de Colombia, denominándose suazas, los que de este último país proceden; pero los principales centros de producción están en la primera república nombrada, siendo los más famosos los de Montecristo y Jipijapa. De allí procede el nombre jipijapa, o jipis, con que todos ellos son conocidos en el mundo entero.

—¡Pero mil dólares!

—Sí, nada menos. Ese sombrero sin duda es fabricado con paja toquilla, y ha de haber sido hecho de encargo.[2] Y sin embargo ¡pensar que las mismas manos que han tejido ese finísimo jipijapa, quizás han hecho sombreros que se venden a cuatro pesos la docena[3]!

—Como aquéllos de clase ordinaria que veo allí.

—Esos no están hechos de paja, sino de palma. Se llaman jíbaros y los llevan los labradores de Cuba y Puerto Rico. En aquella percha hay sombreros de fieltro que son típicos de la América española. Ese oscuro es el callampa, muy usado en Chile; el que está al lado, de alas anchas, es el chambergo, popular en el Río de la Plata; y aquel blanco de copa baja es el sombrero jarano que a veces se ornamenta con cordones y borlas.

—Más allá veo sombreros mejicanos.

—Son inconfundibles. En cambio, he aquí un sombrero cuyo nombre podría desconcertar al más listo.

—¿Cuál? ¿Ese de copa?

—Sí, pues cada república hispano-americana le ha dado un nombre distinto: le llaman sombrero de pelo en la Argentina, colero en Chile, cubeta en Méjico, buche en el Ecuador, y en otras partes chistera, galera, sorbete, bolero, y qué sé yo cuántos[4] nombres más.

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