—En cuanto a eso, todo depende del vuelo que Ud. piense dar a los negocios. No sería malo[1] que Ud. hiciera un primer ensayo por medio de alguna de las casas comisionistas de exportación establecidas en este país.

—¿Qué clase de negocios hacen esas casas?

—Algunas sirven de agentes a ciertas empresas importadoras de la América latina, realizando los pedidos y cobrando una comisión por este servicio. Otras son establecimientos mercantiles extensamente ramificados, con sucursales en los principales países del mundo. Por último, algunas de esas casas comisionistas son representantes exclusivos de fuertes firmas importadoras establecidas en el extranjero.

—Dice Ud. bien:[2] este procedimiento sería muy conveniente, sobre todo al principio, pues me evitaría el desagrado de tratar directamente con personas que operan en mercados que no conozco.

—Ciertamente. Se desentendería Ud. de[3] créditos, de los detalles y minuciosidades de la remisión, de atender reclamos, etc., y además recibiría su dinero inmediatamente.

—¿Qué me cuenta Ud.?[4] ¿Toman sobre sí[5] esas casas la responsabilidad exclusiva de cobrar el importe de las ventas?

—Sí tal. Para eso se han informado de antemano acerca de la solvencia, o como también se dice, la responsabilidad o el crédito de sus corresponsales. Como lo ve Ud., este procedimiento es el más expeditivo para quien, como Ud.,[6] considera que sus negocios de exportación son asunto incidental[7]; pero si Ud. desease fundar desde luego[8] un negocio importante, el mejor medio sería ponerse en relaciones directas con el mercado.

—¿Y para ello ...?

—El procedimiento más recomendable sería, a mi juicio, establecer una sucursal en cada centro comercial importante, a cuyo frente pondría Ud. un gerente, auxiliado por un cuerpo de empleados, alquilando un local que pudiera servir de almacén para el depósito de las mercancías.

—Las mías son máquinas, como Ud. sabe.