—En ese caso sería indispensable una buena reserva de piezas de repuesto. Su representante podría ir observando las condiciones del mercado, estudiando las fuentes de la concurrencia, y lo que es más importante, poniéndose en relaciones con quienes pudieran ser compradores.

—Un inconveniente veo en el procedimiento, y es el gasto considerable que implica.

—Sin duda hay que gastar mucho en establecer y mantener un plantel semejante; por eso, sólo pueden costear esta representación las empresas más poderosas, quienes, precisamente debido a ello, han llevado a cabo negocios importantes monopolizando a veces ciertas actividades comerciales.

—¿Qué tal sería[9] mandar a esos países un agente viajero?

—Es un procedimiento muy en boga; pero en ese caso deberá Ud. elegir una persona que hable el castellano, y sobre todo que sea de una cultura y experiencia algo mayor de la que usualmente se requiere para tales trabajos en los Estados Unidos. Ya sabe Ud. lo que nos recomiendan los que entienden de estas cosas[10]: «¡guiaos[11] por una política ilustrada, mandad comerciantes, no buhoneros y baratilleros!» En otras palabras, Ud. deberá enviar un agente que sea capaz de apreciar otros elementos fuera de los que se refieren a la utilidad que dejan las ventas. Su representante debe ser persona educada, capaz de[12] comportarse como caballero; deberá llevar cartas de presentación que le abran las puertas de los negociantes más conocidos, de los clubs y bancos, de las cámaras de comercio y otras organizaciones e instituciones mercantiles.

—¿No es posible utilizar como agentes a personas o firmas ya establecidas?

—Sin duda; pero, naturalmente, tendrá Ud. que cuidar, ante todo, de que esos representantes no estén interesados en la venta de productos propios similares a los suyos.

—Me imagino que las casas serias no aceptarán una representación a menos que se les dé agencia exclusiva en toda la América latina.

—¡Oh, no! La representación debe darse por países, aunque es cierto que en algunos casos es posible, y hasta conveniente, incluir varias pequeñas repúblicas vecinas en un solo territorio; como, por ejemplo, toda la América Central, o bien, regiones limítrofes tales como Argentina, Paraguay y Uruguay. En algunos países, especialmente en aquéllos que no cuentan con vías de fácil comunicación, como en Colombia y Venezuela, donde sería difícil y caro remitir las mercaderías de un punto a otro muy distante, es necesario a veces dividir la representación o hacer de modo que[13] los artículos sean remitidos directamente desde aquí a los clientes que residen en los distritos más distantes.

—Y si remitiera un catálogo a los comerciantes de la América latina a quienes mis artículos pudieran interesar, ¿no cree Ud. que recibiría pedidos de allá? Ninguno de los cónsules de esos países se negaría, me imagino, a remitirme una nómina de los comerciantes en mi ramo ....