—A ese respecto debe decirse que algunos géneros norteamericanos deben sufrir esa concurrencia con más éxito que otros.

—¿Cuáles son las mercaderías que se imponen en el mercado[3]?

—Los artículos de metal,—es decir, los de aluminio, hierro, acero, cobre y latón, así como las aleaciones de esos metales.

—¿Las mercaderías de madera no se hallan en este caso?

—Sí, por cierto; desde el producto bruto hasta el mueble más fino. Y otro tanto ocurre con los artículos de cuero, caucho y goma vulcanizada.

—Hasta aquí[4] he comprendido perfectamente. Ahora dígame Ud. ¿cuáles son las manufacturas que no compiten con éxito con las europeas?

—En esta clase entran los textiles, particularmente los tejidos de algodón, hilo y lana; las lozas, porcelanas y artículos de vidrio y cristal; las preparaciones de perfumería, los vinos, licores y otras bebidas.

—¿De modo que sería excusado[5] pretender introducir en la América latina las mercaderías que Ud. acaba de mencionar?

—No he dicho tanto.[6] Aquí se presenta otro aspecto de la cuestión. La concurrencia europea no es igualmente intensa en toda la América latina. Hay una zona, que comprende Méjico, América Central y las Antillas, donde los Estados Unidos llevan a Europa la ventaja de la proximidad y de una relación comercial más estrecha. Se puede decir que allí los Estados Unidos dominan en el comercio, como lo prueba el hecho de que las importaciones de este país son cuatro veces mayores que las de la Gran Bretaña.

—¿Quiere Ud. decir con eso que en la zona del Caribe nuestras mercancías tienen mayor salida que las similares europeas?