—Sí, señor; pues la enseñanza industrial para la mujer ha pasado de la etapa filantrópica a la económica, aunque sólo en algunos centros, que son contados[12] todavía. En ellos no sólo se ha franqueado ante la mujer las puertas de la universidad sino—lo que es más importante todavía—las de las escuelas profesionales, donde ella adquiere las artes manuales indispensables para su independencia económica. Ya funcionan en la América latina escuelas agrícolas para mujeres donde se les inculca los conocimientos que tienen relación con la granja y el hogar.
—Según eso, las escuelas agrícolas para varones deben de hallarse en un estado floreciente.
—Sí; sobre todo en la Argentina, Brasil y Chile. Además de los institutos para la enseñanza de la agricultura en general, empiezan allí a fundarse las escuelas regionales; es decir, las escuelas destinadas al estudio científico y la explotación económica de los productos de la región en que se hallan. Así encuentra Ud. escuelas de viti-vinicultura, de sacaritecnia para el estudio del azúcar, de praticultura para el estudio de los prados y la alimentación del ganado, las de lechería, de fruticultura, escuelas forestales, de productos industriales tropicales, etc.
—He oído decir que la enseñanza militar y la naval están bien organizadas en Argentina y Chile.
—También el Brasil presta atención creciente a esta rama de la educación técnica. Además de la escuela militar, hay en esos países escuelas superiores de guerra, de caballería, de tiro, de clases o sea de cabos y sargentos, de aprendices armeros, y de aviación. En el ramo de la marina, aparte de las escuelas navales que preparan los oficiales de las respectivas escuadras, las hay de aplicación para los mismos, así como para pilotos, aprendices artilleros, torpedistas, mecánicos, marineros, grumetes y foguistas.
—¿Tienen esos países el servicio militar obligatorio?
—Sí; y hace Ud. bien en[13] mencionar ese punto al tratar de la educación, pues la conscripción militar es una verdadera escuela en la que los jóvenes de veinte años completan su educación, reciben nociones de agricultura y se ejercitan en ciertas prácticas industriales.
—¿Son las universidades[14] parecidas a las nuestras?
—Parécense más bien a las viejas universidades de las naciones católicas europeas, cuyo espíritu han conservado en parte aunque una vez que pasaron a depender del Estado se impuso en ellas, como consecuencia, la enseñanza laica. Hay, sin embargo, algunas universidades católicas y otras que, aunque oficiales, enseñan teología y derecho canónico.
—¿Es cierto que algunas universidades hispanoamericanas se fundaron antes que las nuestras?