—No puede ser de otro modo[15] si bien se mira,[16] dadas las condiciones geográficas distintas en que esos países se hallan. El estar situados sobre el Atlántico o sobre el Pacífico, en el trópico o en la zona templada, en el interior del continente o en la costa, en zonas fértiles o ingratas, crea intereses diversos, si no antagónicos, y fomenta ideales económicos contrapuestos.
—Sin embargo, no me doy todavía por vencido.[17] ¿Qué me dice Ud. del lenguaje? ¿No es ese un vínculo común muy poderoso, que hace de toda la América hispánica una sola familia?
—Sin duda todos los hispanoamericanos hablamos la lengua de la madre patria. Sin duda el más puro castellano[18] puede circular, fuera del Brasil, desde el río Bravo a Magallanes en la página impresa, en la cátedra, en el discurso y la conferencia. Pero el idioma español adopta dos formas, según que se emplee[19] en asuntos de orden literario o en las transacciones comunes de la vida. Este último idioma: el idioma de la intimidad, el idioma del pueblo, es el que en realidad difiere del español castizo, porque se ha enriquecido con nuevas voces desconocidas en España, y con modismos innumerables.
—No obstante, ese lenguaje común debe ser un vínculo entre los pueblos de las repúblicas hispanoamericanas....
—¡Pero sí esa[20] diversificación es precisamente lo que las hace extrañas unas a otras! Ha de saber Ud. que en el aislamiento en que viven, cada una de esas repúblicas ha desarrollado por su lado el habla popular[21]; cada una ha amoldado el idioma hablado al ambiente físico peculiar, a las ocupaciones y tradiciones locales. Muchos diccionarios se han escrito donde se catalogan los argentinismos, chilenismos, peruanismos, mejicanismos, cubanismos, etc. Debo agregar que los americanismos de un país son, por lo general, desconocidos en los otros; y a mayor abundamiento,[22] una misma voz suele recibir diferentes significados según el país en que se emplea. Tiene Ud. la palabra cacho: en Guatemala echar un cacho significa embriagarse; pero en Colombia echar el cacho quiere decir aventajar y superar. Cacho en Chile es sinónimo de cosa invendible, al paso que en la Argentina es un racimo de plátanos o bananas. ¿Cómo no quiere Ud., pues, que[23] el habitante de una nación latinoamericana se sienta extranjero en las otras?
—¿Pero va Ud. ahora a decirme que Uds. no se visitan, que no comercian, que no se entienden? La comunicación, que imagino existe entre Uds., debe engendrar un sentimiento común, un sobrentendido de semejanza, resultado de la amistad y el conocimiento recíproco.
—Pues contra lo que Ud. supone,[24] no nos tratamos[25] y, por lo tanto, no nos conocemos[26] .... Desde luego las comunicaciones son difíciles y caras. Estudie Ud. el mapa de las vías de comunicación terrestres entre los estados vecinos de la América latina y verá Ud. qué deficiente[27] es el tráfico internacional, aún en las pequeñas y próximas repúblicas de Centro América. Chile, Argentina, Brasil, Paraguay y Bolivia están en comunicación por el riel; pero ¡qué distancias tan enormes[28]! Así se explica que en cada ciudad o pueblo latinoamericano hay más representantes de cualquiera de las principales naciones de Europa que de las vecinas de América.
—¿Quiere Ud. decir que tampoco comercian Uds.?
—A eso iba.[29] ¿Ni cómo podría ser de otro modo?[30] No hallándose desarrollada la industria, esos países exportan sus frutos a Europa o a Estados Unidos y reciben en cambio los productos manufacturados. El intercambio de la Argentina con todas las repúblicas hispanoamericanas juntas[31] es menor que el comercio entre la Argentina y Holanda, para mencionar[32] uno de los países de Europa con el cual el intercambio argentino es menos activo. El comercio del Paraguay con Francia es cuatro veces más fuerte que el que mantiene con su vecino el Brasil. Por cada millón del comercio de este último país con la Argentina, hay que contar dos entre el Brasil y Alemania, país con el que, a su vez, el Uruguay comercia en una escala tres veces mayor que lo hace con[33] la Argentina. El comercio del Ecuador con Perú y Chile, que casi constituye la totalidad de su intercambio con Sud América, es cinco veces menor que el que mantiene con Inglaterra; entre Chile y Estados Unidos se cambian operaciones comerciales por un monto siete veces mayor que las entre Chile y su vecino el Perú. Nicaragua comercia con las otras cuatro repúblicas de Centro América menos que con Italia; y si Ud. suma el intercambio que mantiene Méjico con toda la América Central y del Sur, descubrirá que es ochenta veces menor que el intercambio con los Estados Unidos, el cual a su vez es tan sólo un veinticinco avos[34] de todo el comercio exterior de este último país.
—Me deja Ud. perplejo; y comprendo ahora que las repúblicas americanas no tengan oportunidad de conocerse y tratarse.