(a)

El caballo era un bello animal,[1] negro como el azabache, y llevaba sobre sus lomos una gruesa montura de pellones azules, al modo como[2] hasta hoy la usan algunos de nuestros hombres de campo; pero tan bien recortada y arreglada, que no se notaba en ella el menor defecto. Las cabezas de la enjalma estaban completamente cubiertas de chapas de plata, así como la mayor parte de los grandes estribos de madera, curiosamente tallados, que a uno y otro lado de la montura pendían. Los demás arreos de la cabalgadura correspondían a lo que queda descrito. Dos copas extraordinarias de plata, en forma de platillos cincelados, adornaban el bocado; y las cabezadas y riendas estaban cubiertas de argollas, pasadores, puntillas y cadenitas del mismo metal. Por último, sería una omisión imperdonable[3] olvidar en esta descripción un lazo de cuero que al lado derecho de la montura pendía de una ojalera de lo mismo[4]; primorosamente calada y laboreada con pespuntes y botoncillos blancos.

Barros Grez (Chileno)

(b)

El moro era un potro criollo, de corta alzada y un poco trasijado, pero tan vivo, nervioso y rápido como un fino resorte de acero. Patricio se miraba en él,[5] como suele decirse, porque no había otro caballo que le llenara tanto el gusto[6] como ése; y hasta parecía que se entendían a maravilla bestia y jinete. Cuando alguna vez era montado el moro por algún otro ranchero, se mostraba tan mañoso y testarudo que ponía en peligro la vida del valiente, y le dejaba desganado para volver a cabalgarlo. Unas veces se «armaba», clavándose con las cuatro patas inmóviles donde le daba la gana,[7] sin avanzar ni retroceder aunque le destrozasen el hocico tirándole hacia adelante por la brida, o le azotasen las ancas duramente por detrás; no hacia más en tales casos que balancear el cuerpo con dirección a la retaguardia, y estremecerse de pies a cabeza[8] con temblor de pena y rabia al sentir el azote. Otras veces metía la cabeza entre los cuartos delanteros[9] y se daba a[10] hacer corcovos tan altos, ondulados y bruscos, que no había jinete que los resistiera.[11] O bien, asustándose de su propia sombra, saltaba de improviso hacia algún lado desarzonando al jinete o lanzándolo al suelo en un santiamén.[12]

José López Portillo y Rojas (Mejicano)

Chapter Footnotes:

[1] bello animal (instead of hermoso). A gallicism very common in Spanish America.

[2] al modo como, in the manner in which. VARIANT: La manera como.

[3] sería una omisión imperdonable, it would be an unpardonable omission. VARIANT: No debemos (or no podemos) olvidar (or dejar de mencionar).