Eran las nueve de la mañana cuando los peones apartaron las últimas bolsas de nuestro trigo. La máquina paró y a la sombra de la parva cercana la gente se dispuso a tomar el café; un sol fuerte nos ahogaba tiñendo en llamaradas la campiña segada que parecía un inmenso cepillo de oro.

Lejos, en el potrero, en las quebradas, en torno de las pequeñas lagunas, los bueyes pacían, lentos y graves, en medio de la cháchara de los teros.

El alcalde de la colonia,[1] viejo de grandes barbas, elocuente y astuto, elegido por el vecindario en una asamblea efectuada en la sinagoga, comentaba los resultados de la cosecha y alababa las calidades de nuestro trigo.

Era analfabeto casi y sólo conocía por referencias[2] ciertos pasajes de la Escritura que citaba a menudo al intervenir en la entrega de una reja o en la compra de un rollo de alambre.

Y aquella mañana cálida, rodeado por los vecinos, a la sombra de la parva, peroraba sobre las ventajas de la vida rural.

—Bien sé yo—decía—que no estamos en Jerusalén: Bien sé yo que esta tierra no es aquélla de nuestros antepasados. Pero, sembramos y tenemos trigo, y de noche, cuando, regresamos de la era tras del arado podemos bendecir al Altísimo porque nos ha conducido fuera de Rusia, donde éramos odiados y vivíamos perseguidos y pobres.

El matarife replicó: El trigo de Besarabia es más blanco que el de la colonia. Y expresó pausadamente su descontento.

—En Rusia—dijo—se vive mal, pero se teme a Dios y se vive de acuerdo con su ley. Aquí los jóvenes se vuelven unos gauchos.

El agudo silbato de la máquina disolvió a los vecinos. Tocaba el turno a las parvas de Moisés Hintler, quien permanecía silencioso junto a la casilla rodante del maquinista. Era bajito, flaco, y sus ojos redondos y diminutos traducían en su mirar de miope una alegría profunda. A su lado, la mujer, envejecida en la miseria del pueblo natal, contemplaba la faena y la hija Dvorah, moza robusta y ágil, preparaba el almuerzo.

Comenzó el trabajo. Subimos a la parva de Moisés para alcanzar las gavillas y los peones engrasaban en tanto[3] la máquina formidable.