—Él, no,—respondió Marta.

José masculló una maldición.

—Pero ¿dónde está lo que mataron?—dijo al fin, haciéndose oír, la señora Luisa.

—Aquí, tía—contestó Braulio.

Y ayudado por su novia, se puso a desfruncir la mochila, diciéndole a la muchacha algo que no alcancé a oír. Ella me miró de una manera particular, y sacó de la sala un banquito para que me sentase en el empedrado, desde el cual dominaba yo la escena.

Extendida en el patio la grande y aterciopelada piel, las mujeres reprimieron un grito; mas al rodar la cabeza sobre la grama no pudieron contenerse.

—Pero ¿cómo lo mataron? cuenten—decía la señora Luisa—todos están como tristes.[8]

—Cuéntennos—añadió Lucía.

Entonces José, tomando la cabeza del tigre entre las dos manos, dijo:

—El tigre iba a matar a Braulio, cuando el señor[9] (señalándome) le dió este balazo.