[8] boca abajo, face downward.

[9] nada menos que, nothing less than; at the very least.

[10] así como, something like. VARIANT: Algo así como.

[11] una penita en el estómago (Cuba), to be hungry.

[12] pero es lo malo, que, but it is unhappily true that; but it is the sad fact that.

18.—LA FIESTA DE GUADALUPE[1]
[(to the vocabulary section)]

Positivamente, el que quiera ver y estudiar un cuadro auténtico de la vida mejicana, el que quiera conocer una de las tradiciones más constantes de nuestro pueblo, no tiene más que[2] tomar un coche del ferrocarril urbano que sale de la Plaza de Armas cada diez minutos, conduciendo a la Villa una catarata de gente que se desparrama de los veinte wagones que constituyen cada tren, al llegar a la Villa de Guadalupe. Es la ciudad entera de Méjico que se traslada al pie del Santuario, desde la mañana hasta la tarde, formando una muchedumbre confusa, revuelta, abigarrada, pintoresca, pero difícil de describir.

Allí están todas las razas de la antigua colonia, todas las clases de la nueva república, todas las castas que viven en nuestra democracia, todos los trajes de nuestra civilización, todas las opiniones de nuestra política, todas las variedades del vicio y todas las máscaras de la virtud, en Méjico.

Nadie se exceptúa y nadie se distingue: es la igualdad ante la virgen; es la idolatría nacional.

Allí se codea la dama encopetada, de mantilla española o de velo de Chantilly, que estamos acostumbrados a ver balanceándose sobre sus altos tacones en las calles de Plateros, con la india enredada de Cuautitlán o de Atzcapotzalco; allí se confunde cubierto de polvo, el joven elegante de cuello abierto, de pantalón à la patte d’éléphant que luce sus atractivos femeniles en el Zócalo, con el tosco y barbudo arriero de Ixmiquilpan o con el indio medio desnudo de las comarcas de Texcoco, de Ecatepec y de Zumpango, o con el sucio lépero de la Palma o de Santa Ana. Y no existen allí las consideraciones sociales; los carruajes de los ricos se detienen a orillas del pueblo, lo mismo que los coches simones, lo mismo que los trenes del ferrocarril. Todo el mundo se apea y se confunde entre la multitud; el millonario va expuesto a ser pisoteado por el pordiosero y despojado de su reloj por el pillo. La señorona estruja sus vestidos de seda con los inmundos arambeles de la mendiga y con las calzoneras de cuero del peregrino de tierra adentro.[3] No se puede entrar en el santuario sino a empellones[4]; no se puede circular por la placita sino dejándose arrastrar por una corriente inevitable.