—¿Qué dirán los que las vean?
—Eso tiene remedio; estarán ocultas en el primer cuarto y desde allí lo verán todo. ¡Pobrecitas!
—¿Y los de la calle que las vean pasar a su casa, Da. Emelina?
—Eso también tiene remedio: que se vistan[6] ahora que es medio día,[7] y nadie las vé ....
—Sí, mamá—dice Elena.
—Sí, mamá—dice Luisa.
—Y usted también va, vecina—añade Da. Emelina a la viuda.
—¡Yo!—exclama ésta admirada—las niñas, pase,[8] que al fin son jóvenes, pero ... ¿yo? ... ¡Qué locura!
—Mamá, si tú no vas, yo tampoco,—dice Luisa.
—Ni yo tampoco—agrega Elena.