Chapter Footnotes:

[1] El día de Muertos or de Difuntos, All Souls’ Day. In Catholic and Anglican churches, November second is devoted to honoring the memory of the dead, and it is rigorously observed in all Catholic countries by all classes of society.

[2] misa de difuntos, the special Mass on All Souls’ Day.

[3] que han menester, which they need; needed. VARIANT: Que necesitan.

29.—NOCHES DEL «COLÓN»
[(to the vocabulary section)]

Las noches del «Colón,»[1] las noches de los grandes estrenos, de las grandes funciones de gala, de los grandes débuts .... Como todo el mundo, yo había, naturalmente, oído hablar de todo eso. Sabía por los Huret, por los Baudin, por los Clemenceau,[2] que comparadas con ellas las noches de la Opera parisiense resultan menos luminosas y menos estrelladas. Sabía que sus millares de espectadores representan, en los días de lleno,[3] la masa más considerable de níveas pecheras[4] y de brazos marmóreos que se ve en el mundo .... Pero todo esto, quizás por la misma solemnidad de su renombre, parecíame de lejos hecho más para sorprender que para seducir, y pensando en ello imaginábame algo como un vano alarde de[5] magnificencia argentina destinado a épater[6] al universo....

Pero fué el entreacto, el primero de los entreactos, lo que para mí constituyó el verdadero espectáculo de la noche. ¡Qué luz!... ¡Qué esplendor!... ¡Qué lujo!... Todos los esmaltes y todos los oros[7] de las decoraciones palidecían ante aquel derroche de matices vivos. Y no era un derroche de joyas, no; no era una riqueza fácil y de gusto dudoso[8] lo que constituía tal iluminación. Menos pedrerías creo haber visto en la formidable sala que en cualquier teatro de Montmartre. Eran los esmaltes frescos de las mejillas, eran los alabastros de las manos, eran los zafiros y las turquesas de las pupilas, eran los mármoles de las gargantas, y eran, además, los áureos reflejos de las cabelleras rubias y las sombrías madejas de las cabelleras negras, y eran, en fin, las gasas, los tules, los encajes, lo que hacía el cuadro mil veces más grandioso y más gracioso, y más rico también que todos los que hasta entonces había yo visto.

Sí; ni en la Opera, de París; ni en el Real, de Madrid; ni en el Covent Garden, de Londres; ni en ninguna parte, nunca, pero nunca,[9] tan bello, tan inmenso florecimiento había animado ante mis ojos las clásicas corbeilles[10] de un teatro. Todo era impecable, y al mismo tiempo todo era amable.

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Un grande y discreto y dulce soplo hacía ondular los tallos de mil matices sobre el fondo rosa de los cortinajes y el oro grave de las molduras. Era la vida, era la noble vida de todo un[11] universo femenino.