(Anónimo)

Altamirano,[4] Ignacio Manuel (1833-1893)

No tiene la historia americana un rival tan brillante que oponer a este artista de la palabra[5] y de la idea, que haya brotado espontáneo y luminoso, como un astro majestuoso y desconocido en la tenebrosa inmensidad avasallando los mundos, de la raza indígena[6] y de sus más remotas comarcas.

Sin imitar las asperezas de su raza, se pulió con el refinamiento del progreso, revelando ternezas ingenuas y descubriendo bríos civilizadores invencibles y prodigiosos.

Aportó a la cultura de su patria los gérmenes poderosos de su estirpe, como elementos nuevos, puros y fecundos de un desarrollo maravilloso que encerraba todos los encantos y las fuerzas latentes de la naturaleza de su raza.

Pedro Pablo Figueroa (Chileno)

Amunátegui, Luis (1828-1888)

La parte más valiosa que hay en la personalidad múltiple de Miguel Luis Amunátegui[7] es la del propagandista tenaz de las glorias del pasado chileno; es la del escritor de actividad asombrosa en la aclaración de todos los puntos obscuros del ayer[8]; es la del biógrafo fecundo y generoso inmortalizador de tantas glorias de nuestra historia; es la del obrero infatigable de la verdad histórica y de la ilustración social de Chile.

Jorge Hunecus (Chileno)