Hernández fué poeta a su manera.[39] Carecía de ese «gay decir»[40] tan celebrado en Estanislao del Campo, pero dominaba en absoluto lo que éste rara vez logró: la agudeza filosófica de los dichos populares.[41] Como dice José M. Estrada, «Martín Fierro es el tipo culminante del gaucho, es decir, el producto más completo de una sociabilidad injusta, operando sobre una naturaleza ingénitamente poderosa y activa.»

Noel de Lara (Argentino)

Isaacs, Jorge (1837-1895)

La «María» de Jorge Isaacs,[42] el poeta colombiano, es admirable, pero ¿qué es? No encontramos en ella ni un soplo de Shakespeare ni un soplo de Dickens, ni menos, y por fortuna, un soplo de Dumas. María es una niña, niña de cualquier país, de cualquier sociedad con tal de[43] ser niña. Efraín es un joven capaz de pensar y querer fuertemente, pero a quien conocemos en el crepúsculo de su virilidad amando como todas las naturalezas de su temple, cuando no han sido labradas por el rozamiento brutal de la traición ni de ninguna de las miserias arrogantes y agresivas que sombrean los caracteres: amando explosiva y angélicamente. El teatro de sus amores es nuevo y espléndido: nuevo para el arte, espléndido para la pasión. Pero ni los graves perfiles del Cauca ni la indefinida serenidad de la Pampa prestan elemento al drama, cuando no intervienen en él pasiones que se chocan y se anudan, y cuyo desarrollo se desenlaza en la catástrofe o en la suprema delicia. Esta lucha no existe en la «María».[44] El grupo de sus actores es un grupo hermoso, demasiado hermoso, demasiado monótono en su belleza para que pueda llenar las condiciones dramáticas de la novela. ¡Qué tremenda cosa sería la vida sin la perspectiva, más o menos lejana y tétrica, de la muerte! ¿Cómo podrían resaltar la virtud y la fuerza, sin el contraste del vicio y de la debilidad?

José Manuel Estrada (Argentino)

Lillo, Eusebio (1826-1900)

Eusebio Lillo,[45] cuyas poesías brotan de su alma como cautivantes notas de las cuerdas de un laúd, es el poeta de las flores, del amor y de la libertad, que canta el ensueño sin fin del ideal, de la belleza maravillosa.

En la humilde y perfumada violeta, en la oculta y misteriosa madreselva, en el dorado junco, en la rosa encendida y espléndida, halla fuente caudalosa para sus poemas de musical ternura.

Las aves y los ríos, el mar y la mujer, el amor y la libertad, le brindan temas fecundos y prodigiosos para sus cantos de melodía infinita.