—También observo otras líneas que, al parecer,[75] no corresponden con los ferrocarriles ni con los ríos.

—Son caminos de mulas.

—Veo que el Cauca, afluente del Magdalena, es también navegable.

—Facilita el tráfico entre Bogotá y la costa del Pacífico.

—Para ello habrá sin duda que bajar por el Magdalena hasta su confluencia con el Cauca y remontar éste hasta donde nos lo permita su profundidad.

—Dejando el Cauca, el viaje se prosigue en mula hasta Cali, y por ferrocarril hasta Buenaventura, donde tomaremos el vapor de la Pacific Steam Navigation Company,[76] con rumbo a[77] Guayaquil.

Entremos a Guayaquil por el golfo de ese nombre y seguimos luego por un río que en él desemboca y cuyo valle estará completamente sumergido, si por acaso llegamos en la época de las lluvias.

Desde el término de esta navegación el viaje a los Andes se continúa en mula, ascendiendo la falda hasta el Paso del Arenal, por donde se entra al alto valle central del Ecuador, que nos lleva en dirección a Quito, teniendo a la vista el Chimborazo. El círculo de nuestra gira comenzada en Guayaquil se cierra recorriendo en ferrocarril las trescientas millas que separan a Quito de aquel punto.

De Guayaquil al Callao los vapores de las dos compañías sudamericanas ponen cuatro días. Lima, la ciudad de los Reyes,[78] está sólo a pocos minutos del Callao, y el trayecto se recorre en tranvía o en ferrocarril. En el Perú el ferrocarril de Oroya, el más alto del mundo, ofrece una oportunidad singular para conocer los Andes y estudiar la labor de sus minas. Este ferrocarril llegará un día hasta los tributarios del Amazonas; pero por ahora, como Ud. ve, sólo alcanza lugares un poco al norte de las famosas minas de Cerro de Pasco. Un ramal austral llega hasta Ayacucho, a menos de 200 millas del Cuzco.

—Veo que la gran red de ferrocarriles de la parte austral de Sur América extiende una de sus líneas hasta las proximidades de Cuzco.