—Sí; y observe Ud. que cuando los rieles hayan suprimido esa distancia de doscientas millas, podrá viajarse por ferrocarril desde Buenos Aires a Lima.
—¿Cómo[79] puede hacerse hoy esa parte del viaje?
—En mula o en diligencia. Pero sigamos nuestro viaje. De Cuzco el ferrocarril nos lleva hasta Puno, sobre el lago Titicaca, a 12,500 pies de elevación; cruzamos las aguas del lago en un vapor moderno, de mil toneladas, que nos lleva a Guaqui, en la costa boliviana; y de allí llegamos fácilmente en tren o diligencia a La Paz, teniendo a la vista el Illimani.
Si en lugar de atravesar el Titicaca hubiéramos continuado el viaje en tren por un ramal que se desprende en dirección al sur desde Juliaca, habríamos podido llegar a Arequipa (cerca de la cual se halla el Observatorio de Harvard), y de allí a Mollendo, puerto del Perú, por donde pasa una gran parte del comercio exterior de Bolivia.
De La Paz, situada en la proximidad de los valles que producen ricos cafés, así como la coca y la cinchona, o árbol de la quina, podemos dirigirnos, sea al puerto chileno de Arica, por el ferrocarril del Estado, sea al de Antofagasta, cerca del cual[80] están las fundiciones de minerales más grandes de Sud América. Esta última línea que se llama de Antofagasta y Bolivia, nos permite visitar las minas de estaño de Oruro y la celebrada ciudad de Potosí.
En Urquín se desprende un ramal que está para unirse[81] con el ferrocarril boliviano y más al sur con los ferrocarriles argentinos. La parte por terminar se recorre sin embargo en diligencia.
—¿Y los campos de nitrato?
—Quedan en Iquique, y para visitarlos habría que elegir las líneas de La Paz al puerto de Arica, llegando a Iquique por agua.
Desde Antofagasta, y aun desde Iquique, el viaje al sur puede continuarse en ferrocarril por más de mil quinientas millas por el centro de Chile, hasta Puerto Montt. A propósito, le hago notar a Ud. que hoy día es posible en Sud América hacer un viaje en tren de 3300 millas, equivalente al de Nueva York a San Francisco de California.
—¡Por vida de...! No tenía idea de tales progresos,[82] lo confieso.