—De ningún modo.[19] Los extranjeros celebran sus fiestas nacionales acompañando el regocijo con expansiones patrióticas. No veo razón alguna para coartarles ese derecho. Los extranjeros tienen además sus sociedades; pero nadie cree que con eso comprometan la homogeneidad de la sociedad en que viven. Es cierto que en tierra extranjera los sentimientos patrióticos del hombre están más exaltados que nunca; pero también es verdad que los extranjeros suelen defender con más ahinco que nadie los ataques a su patria adoptiva.
—Habla Ud. de fiestas. ¿Se refiere Ud. a las religiosas?
—No tanto a ésas como a las cívicas[20]; verbigracia las del cuatro y catorce de julio o el veinte de septiembre, celebradas por los norteamericanos, franceses e italianos respectivamente. En cuanto a las fiestas religiosas,[21] la inversión de las estaciones les quitaría mucho de su carácter y significado. No sería nada apropiado celebrar la navidad cuando hace más calor que nunca. ¿Y habría nada más extemporáneo que hacer la procesión de Corpus después de recogida la cosecha? Tampoco sería lógico celebrar las pascuas en otoño.
—Ud. me dice que el sentimiento hacia el extranjero es cordial; sin embargo, he oído decir que los naturales les ponen motes despectivos.
—Ese es un hecho universal, que en este caso exterioriza cierta inofensiva vanidad por parte del[22] nativo más bien que[23] un sentimiento hostil. Durante el coloniaje se llamaba chapetones y cachupines a los españoles en América, y de aquí que[24] «chapetonada» signifique bisoñería, falta de experiencia en los usos del país. La misma palabra «gringo», procedente tal vez de greenhorn, probaría que lo más chocante a los ojos del nativo no es la calidad de extranjero sino la impericia del forastero, la dificultad que encuentra para «acriollarse».
—El sentimiento localista debe de ser muy aguzado.
—Lo es hasta entre los mismos naturales. Los nativos de las ciudades ridiculizan a la gente de los campos, llamándolas paisanos, fuereños, orilleros, etc., mientras éstos llaman a aquéllos puebleros y pueblanos, designaciones no exentas de burla, sobre todo cuando el forastero, por su inexperiencia, se atrae los dictados de maturrango y de chambón.
—Supongo además que los criollos reciben denominaciones diferentes según su procedencia.
—Infinitas. Arribeños son en Chile los habitantes de la costa del sur y abajeños los de la del norte. Calentanos se denominan en Colombia los habitantes de tierra caliente, o sean las costas, valles bajos y llanuras del sur y el oriente. Jarocho es el campesino de Veracruz, llanero es en Venezuela el habitante de la llanura, collas en Bolivia son los moradores de la altiplanicie, y pampinos en Chile los procedentes de las pampas del norte.
—¿No se distinguen los nativos con nombres especiales según las razas a que pertenecen?