Vedle, Don Félix es, espada en mano,

Sereno el rostro, firme el corazón;

También de Elvira el vengativo hermano

Sin piedad a sus pies muerto cayó.

Y con tranquila audacia se adelanta

Por la calle fatal del Ataúd;

Y ni medrosa aparición le espanta,

Ni le turba la imagen de Jesús.

La moribunda lámpara que ardía

Trémula lanza su postrer fulgor,