Y, en honda oscuridad, noche sombría

La misteriosa calle encapotó.

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Mueve los pies el Montemar osado

En las tinieblas con incierto giro,

Cuando, ya un trecho de la calle andado,

Súbito junto a él oye un suspiro.

Resbalar por su faz sintió el aliento,

Y a su pesar sus nervios se crisparon;

Mas, pasado el primero movimiento,