Las aves de la noche se juntaron,
Y sus alas crujir sobre él sintió;
Y en la sombra unos ojos fulgurantes
Vió en el aire vagar que espanto inspiran,
Siempre sobre él saltándose anhelantes,
Ojos de horror que sin cesar le miran.
Y los vió y no tembló; mano a la espada
Puso y la sombra intrépido embistió;
Y ni sombra encontró ni encontró nada,
Sólo fijos en él los ojos vió.