Y alzó los suyos impaciente al cielo,
Y rechinó los dientes y maldijo,
Y, en él creciendo el infernal anhelo,
Con voz de enojo blasfemando dijo:
«Seguid, señora, y adelante vamos:
Tanto mejor si sois el diablo mismo,
Y Dios y el diablo y yo nos conozcamos,
Y acábese por fin tanto embolismo.
«Que de tanto sermón, de farsa tanta,