Que a un misterioso impulso obedecieron;

Y tras la dama el estudiante entró;

Ni pajes ni doncellas acudieron;

Y cruzan a la luz de unas bujías

Fantásticas, desiertas galerías.

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Y la visión, como engañoso encanto,

Por las losas deslízase sin ruido,

Toda encubierta bajo el blanco manto

Que barre el suelo en pliegues desprendido;