Su límite a la cárcel de la vida,

Y a Dios llama ante él a darle cuenta,

Y descubrir su inmensidad intenta.

Y un báquico cantar tarareando,

Cruza aquella quimérica morada,

Con atrevida indiferencia andando,

Mofa en los labios, y la vista osada;

Y el rumor que sus pasos van formando,

Y el golpe que al andar le da la espada,

Tristes ecos, siguiéndole detrás,