Viendo debajo de él, sobre él enhiestos,

Hombres, mujeres, todos confundidos,

Con sandia pena, con alegres gestos,

Que con asombro estúpido le miran

Y en el perpetuo remolino giran.

Siente por fin que de repente pára,

Y un punto sin sentido se quedó;

Mas luego valeroso se repara,

Abrió los ojos y de pie se alzó;

Y fué el primer objeto en que pensara