La blanca dama, y alredor miró,

Y al pie de un triste monumento hallóla

Sentada en medio de la estancia, sola.

Era un negro solemne monumento

Que en medio de la estancia se elevaba,

Y, a un tiempo a Montemar ¡raro portento!

Una tumba y un lecho semejaba:

Ya imaginó su loco pensamiento

Que abierta aquella tumba le aguardaba;

Ya imaginó también que el lecho era