¡Piedad tened de mi tormento ahora!

¡Oh! ¡dichosos mil veces! sí, dichosos,

Los que podéis llorar y ¡ay! sin ventura

De mí, que, entre suspiros angustiosos,

Ahogar me siento en infernal tortura!

Retuércese entre nudos dolorosos

Mi corazón, gimiendo de amargura!...

También tu corazón, hecho pavesa,

¡Ay! llegó a no llorar, ¡pobre Teresa!

¿Quién pensara jamás, Teresa mía,