Que fuera eterno manantial de llanto

Tanto inocente amor, tanta alegría,

Tantas delicias y delirio tanto?

¿Quién pensara jamás llegase un día,

En que, perdido el celestial encanto,

Y caída la venda de los ojos,

Cuanto diera placer causara enojos?

Aun parece, Teresa, que te veo

Aerea como dorada mariposa,

Ensueño delicioso del deseo,