Si no calmáis del hado la crudeza,
Ni me dais esperanza de fortuna?
¿Qué me valen la gracia y la belleza,
Y amar como jamás amó ninguna,
Si la pasión que el alma me devora,
La desconoce aquél que me enamora?»
Lágrimas interrumpen su lamento,
Inclina sobre el pecho su semblante,
Y de ella en derredor susurra el viento